martes, 27 de enero de 2009

Sólo un parpadeo:

Ser una monja era más que su destino, su vida. Tomó todas las medidas necesarias para cumplir con su objetivo pero al llegar a la puerta del convento la madre superiora hablo con él, le dijo que no podía, que ¿cómo?, que no ve que usted es un manubrio, que ningún manubrio ha sido monja nuca jamás, pero él sin frustrarse dijo que nada impedía que el se entregara a la vocación de seguir al señor; después de varias discusiones se llegó a un acuerdo entre las dos partes pero con la condición que siempre debía llevar puesto el hábito de monja y que de ninguna manera se lo fuera a quitar porque sino…

El manubrio estaba feliz y mucho de dichoso pues su empresa de ser monja estaba a sólo un paso, se dispuso a buscar un habito para su medida (que además en esa época todavía no había hábitos para alacenas ni mucho menos para manubrios) pero en ninguna parte tenían su talla ni el color que él quería, ya cansado de la poca variedad que encontró en Ciudad Bolívar partió hacía Luxemburgo (dicen los que saben que allá se consiguen unos hábitos que pa mejor dicho) pero no encontró ni las enaguas; en ese momento pasaba un ciclista que se dirigía al Tour de Francia que por cierto queda en Francia y necesitaba un manubrio porque el suyo se había escapado con un camionero, él que con mucho gusto que como no que además él iba de paso a entregar unos patacones que le mandaron de bolívar.

Después de ganar el Tour y entregar su encomienda se despidió del ciclista y siguió su camino, llegando a Fredonia se encontró que un oso que hacia llamar el malici-oso. Se volvieron tan amigos que el oso también decidió ser monja y hacerse llamar el cariñ-oso, cuando iban camino al convento un camión atropelló a cariñ-oso. Los dos se volaron: el caminero y la vida del oso, entonces el manubrio decidió hacerle un tributo a su amigo y con su piel hacer su hábito de monja, con mucha tristeza continuó el camino al convento pero en el trayecto encontró el camionero y su acompañante un manubrio, arrestados por conducir en estado de embriaguez, no hizo nada auque pensó muchas formas de matar al camionero y su pareja, al llegar al convento con su elegante hábito se hizo madre superiora y creyó estar feliz pero algo le faltaba.

Un día abrió los ojos y salió corriendo del convento completamente desnudo dejando su hábito a un lado y en su completa transparencia recordó que lo que quería ser realmente en su vida era camionero.  

1 comentario:

Jané dijo...

yo conocì un manubrio que siempre quiso ser nariz de payaso.